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Reconstruir la Revolución

julio 31, 2011

¿Qué es lo que ocurría al otro lado del Telón de Acero? Aquello era un misterio que se alimentaba incluso más con la poca información que se conocía. Imaginábamos al pueblo soviético viviendo en un comunismo que aterraba al sistema capitalista de Occidente, y compuesto de hombres y mujeres atléticos, con grandes capacidades para las matemáticas, la física y el ajedrez, que lograban hazañas como lanzar hombres fuera de la órbita terrestre, construir obras de ingeniería colosales y lo que era más inquietante, capaces de observar el mundo desde la geometría pura.

Shabolovka Radio Tower. Richard Pare.

Como en un consenso tácito, los artistas de la antigua URSS apostaron por una abstracción geométrica que se fue mimetizando con la arquitectura, la ingeniería, la propaganda, las ciudades, y hasta con un sistema social tan estructurado milimétricamente que se podría hablar de una forma de entender la vida aritmética y geométrica. Nunca las matemáticas estuvieron más cerca del arte, ni la vida tan numéricamente planteada como entonces, había una mímesis que se hace palpable en cada proyecto presentado en la exposición de Caixa Forum Madrid, Construir la Revolución. Arte y arquitectura en Rusia 1915-1935.

DneproGES: sala de turbinas. Richard Pare.

El sentido práctico del pueblo ruso debió ser una de las razones de llevar todo ámbito vital hacia las matemáticas, pero en cada uno de los proyectos, ya fuesen de vivienda, industria, educación o propaganda, había un sentido de la estética tan potente, contundente, y a la vez, tan refinado, que uno se pregunta cómo es posible que unas moles de hormigón armado puedan producir una visión tan armónica. La respuesta pasa por el empleo magistral de los puntos y las líneas, dando lugar a formas puras trazadas desde la economía de medios estéticos, cuyos resultados son tan parcos como bellos. Una belleza que se desnuda de toda ornamentación, y cuya grandilocuencia se atempera a base de austeridad comunista.

Trampolín del Dinamo Sports Club. Richard Pare.

Precisamente hablo de austeridad comunista porque viendo la exposición descubres que la igualdad seguía siendo una utopía en una URSS donde médicos, militares y miembros de la inteligencia disfrutaban de unas comunas y unos centros de recreo que nada tenían que ver con los de los trabajadores de las fábricas que hacían que el sistema funcionara como el engranaje de un reloj. Y del mismo modo, es imposible hablar de austeridad en esas construcciones tan aparentemente sencillas.

Fábrica textil. Richard Pare.

Pero si las fotografías de la época transportan a una época pasada, que ahora casi idealizamos pensando en agentes dobles, escuchas telefónicas y espionaje cero cero siete, lo que sin duda tiene más peso en la exposición son las fotografías tomadas por Richard Pare desde la década de los noventa, cuando la Perestroika acabó con el sistema comunista y el telón cayó desvelando sus secretos y sus miserias. ¡Qué increíble viaje por esa antigua Unión Soviética descubriéndola como un nuevo Piranesi! Y siendo testigo de la decadencia de construcciones fuera de toda escala humana, imposibles de mantener con una economía tan rígida y poco aperturista. Se creó un gran imperio sin tener en cuenta cómo mantenerlo vivo, y su legado son un montón de ruinas, unas muertas y abandonadas, y otras que aún sobreviven por no haber una alternativa mejor. En ambos casos, existe una melancolía que las envuelve, como si en ellas sí se hubiese hecho realidad las ideas de los ilustrados utópicos, pero cuya vida fue efímera, tanto como la idea de un comunismo en el que todos por igual debían disfrutar de los bienes de forma equitativa. Desencanto, decepción, nostalgia, vuelta a la utopía después de un espejismo de buenas intenciones corrompidas.

Casa comuna Norkomfin. Richard Pare.

Construir la Revolución. Arte y Arquitectura en Rusia 1915-1935

Hasta el 18 de septiembre de 2011

Caixa Forum Madrid

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24 esperanzas de futuro

junio 28, 2010

Hemos talado bosques, desecado lagos, devastado montañas, le hemos quitado terreno al mar, hemos construido de forma caprichosa sin tener en cuenta la energía malgastada, la acción de la climatología, la posibilidad de reutilización de los materiales empleados o el castigo medioambiental, incluyendo el efecto bumerán que la naturaleza acaba ejerciendo siempre, arrasando con todo lo que se le pone por delante. En definitiva, desde la Revolución Industrial hasta nuestros días lo que importaba era el aquí y ahora, sin tener en cuenta las consecuencias ni tan siquiera a medio plazo.

 

 

Eco-Ciudad. Montecorvo (Logroño). Grupo MVRDV

 

No hay parte positiva en esta mala actuación del hombre, ya que el despertar de la conciencia ecológica no debería ser tal, sino que tendríamos que nacer con ese chip en funcionamiento. El problema es nuestro complejo de superioridad definido por creernos más tecnológicos que biológicos, algo que nos conduce a cerrar los ojos ante el axioma de “sin naturaleza, poca tecnología nos puede hacer sobrevivir en un planeta en el que él impone unas normas, y si las incumplimos, tarde o temprano, nos penalizará”.

Algunos se han percatado de ello, y saben que igual que la tecnología no es la base de nuestra supervivencia, en ella está la clave para hacer de nuestro paso por el mundo una estancia cómoda, y a la vez, con el menor impacto medioambiental posible para dejarlo en un estado lo más parecido al que nos lo encontramos. Y en el modo en que vivimos es donde reside la forma de conciliar nuestra acomodada vida con el respeto a la naturaleza, así pues, que quede claro que no son las grandes hazañas de Greenpeace lo que nos salvará, sino lo que cada uno haga en su día a día, por lo que nuestros futuros hogares y lugares de trabajo deberían estar pensados para aprovechar todos los recursos naturales que nos rodean y consumirlos de manera coherente.

 

 

Biblioteca de la Free University. Berlín. Norman Foster.

 

La arquitectura debe ser la primera en abanderar esta lucha contrarreloj, y el reto es posible superarlo, lo demuestran los veinticuatro proyectos sostenibles que se recogen en la exposición Hacia otras arquitecturas que acoge la Fundación Canal, en la que se ha seleccionado un grupo paradigmático de la arquitectura del futuro, caracterizada por el uso de materiales sencillos, de bajo coste y autóctonos, con los que crear unos edificios en los que se saque el mayor rendimiento a los recursos naturales. En estos ejemplos se demuestra cómo la luz solar, el viento, la lluvia, el agua del mar o la energía geotérmica pueden crear un sistema autosuficiente de abastecimiento de luz, ventilación, calefacción y limpieza, incluso creando excedentes de los que sacar beneficio económico.

 

 

Edificio Acros. Fukuoka (Japón). Emilio Ambasz.

 

Lo que deja muy claro esta propuesta expositiva es que la arquitectura tiene por delante un campo enorme de investigación y de posibilidades, y hacer una construcción sostenible no está reñido con la imaginación, al contrario, los ejemplos elegidos, algunos de gran belleza, destacan por el equilibrio entre la alta ingeniería y el diseño, la multiplicidad de usos demuestra que el espectro en el que erguir este tipo de edificios es ilimitado: aeropuertos, universidades, viviendas, torres de comunicaciones, oficinas, incluso ciudades enteras como la Masdar City en Abu Dhabi de Norman Foster o la Eco-Ciudad en Montecorvo (Logroño) del grupo holandés MVRDV… y en casi todos ellos, la diversidad de formas y soluciones son un verdadero alarde de virtuosismo arquitectónico.

 

 

Editt Tower. Singapur. Ken Yeang.

 

Las propuestas más interesantes, estéticamente hablando, son aquellas en las que la integración de la vegetación adquiere un papel protagonista, no sólo como elemento decorativo, sino como método de creación de microclimas, son así los dos trabajos seleccionados del arquitecto Emilio Ambasz, el Edificio ENI en Roma, y el maravilloso Edificio Acros en Fukuoka (Japón), así como la Editt Tower y el Edificio Solaris, ambos construídos en la ciudad de Singapur por el arquitecto Ken Yeang.

Y entre todos estos edificios magníficos y grandilocuentes, destaca la casa unifamiliar, la Headlands House de David Kirkland en Escocia, en la que se demuestra como a pequeña escala también es posible construir de forma inteligente, aprovechando los recursos autóctonos, como ya defendía mi adorado y visionario Alvar Aalto, el cual tenía como prioridades resolver el problema del espacio y aprovechar los materiales del lugar donde se construye, y figura a la que se debe rescatar con urgencia, y que quizás podría haber sido incluida en la exhibición como ejemplo de arquitecto clásico ya preocupado por crear una arquitectura respetuosa con el medio ambiente.

 

 

Headlands House. Escocia. David Kirkland

 

Esta exposición es una estupenda manera de conocer trabajos de gran calidad artística, pero sobre todo, de familiarizarse con los procesos de construcción ecológicos y con la posibilidad del uso de recursos alternativos a lo nuclear y las petroquímicas, además de tomar conciencia de que estos son muy pocos ejemplos pero que la posibilidad de alternativa es real, de manera que es posible exigir a nuestros gobiernos y exigirnos a nosotros mismos la construcción de un futuro más saludable que el que parece esperarnos.

Hacia otras Arquitecturas. 24 proyectos sostenibles.

Fundación Canal.

Hasta el 25 de julio de 2010.

Pompidou bien vale una misa

mayo 16, 2010

Esta semana se ha inaugurado en la preciosa ciudad de Metz, en la región de Lorena, el nuevo Centro Pompidou. La descentralización llega a la centralizada Francia, y aunque suene a trabalenguas, hay que hacer hincapié en la cuestión porque la moda impuesta por marcas como Guggenheim o Tate ha llegado al sacrosanto Pompidou, cuyos efectos fueron demoledores, al menos para Jean Baudrillard, que muy avispado, advirtió allá por los setenta que el idolatrado Pompidou-Beaubourg construyó una novedosa forma de consumir cultura en masas, desacralizando la idea de museo sólo en apariencia. La estrategia consistió en  dejar que los alrededores y el exterior del edificio se llenaran de gente que consumiera cultura superficialmente, mientras que la propia Institución se mantenía inmóvil, anclada en el origen de la “museística moderna”, que no es de hace dos días precisamente, sino del siglo XIX.

No ha cambiado mucho la forma en que actúan los museos, Beaubourg abrió la veda de la “democratización” del arte, pero no se expandió por sí mismo, y hoy lo más importante de la noticia es que París, la capital que dejó de ser el centro del mundo hace ya más de medio siglo, pero que se resiste a aceptarlo, abre sucursal fuera de la Île-de-France. Y es digno de destacar porque aunque nuestra razón nos dice que Francia no es París, nuestro inconsciente nos arrastra a identificar ambos términos como uno solo. Y de nuevo es el Pompidou el encargado de engañarnos en la creencia de que “París bien vale una misa”, pero que Francia  vale mucho más, es decir, que se está iniciando la deseada descentralización cultural francesa.

El nuevo Pompidou, además, parece querer reconciliarse con el ya difunto Baudrillard, y lo hace con una arquitectura hexagonal, ligera, blanca, muy alejada de esa especie de esqueleto exterior transitable parisino, inaugurado en 1977 y diseñado por Renzo Piano. Ahora es un japonés, Shigeru Ban, el arquitecto de construcciones de papel, el que se ha encargado de crear un nuevo edificio en el que se mezcla la planta centralizada, el zen, la papiroflexia y la naturaleza que lo rodea. Las formas orgánicas y su estructura de iglesia del siglo XXI hacen que Beaubourg se sincere: no hemos cambiado, pero ya no lo ocultamos. Pero ¿acaso cree Beabourg que podría haber engañado al viejo zorro de Baudrillard? Él se daría cuenta que de nuevo surge un lobo con piel de cordero, que Metz se trata de una estrategia más de la globalización y del consumo rápido, y que adoptar la supuestamente sincera forma de templo es sólo una manera más para atraer a un turismo facilón que se haya cansado ya de Torre Eiffel y Champs Élysées. 

Centro Pompidou-Metz.

Ojos que han visto todo, manos que han hecho más.

diciembre 28, 2009

Sus ojos lo han visto todo, más de un siglo carga a sus espaldas y su mirada sigue estando viva como la de aquel joven que aprendió de los grandes maestros, pero que, no conformándose con sus lecciones, también los cuestionó con el coraje imprescindible del que tiene la intención de convertirse en uno de ellos.

 

Museo de arte contemporáneo de Niteroi

 

A pesar de conocer todos los entresijos técnicos de la arquitectura y de haber vivido los dictados de la modernidad “lecorbusiana”, Oscar Niemeyer (Río de Janeiro, 1907) entendió que la arquitectura no sólo tenía que ser un medio práctico para la vida moderna, sino que el arquitecto podía divertirse diseñando, y tenía derecho a sorprender y maravillar a todo aquel que habitara por dentro y por fuera sus construcciones. De esta manera, sus proyectos evolucionan de un academicismo más estricto a la libertad absoluta, aún así, desde sus inicios ya se adivinaba que él no se conformaría con ser correcto.

 

Editorial Mondadori en Milán

Pero quizás, lo más interesante es su versatilidad en la creación de edificios tan dispares como la editorial italiana Mondadori o el auditorio del parque Ibirapuera de Sao Paolo. En el primero juega con el engaño y la insubordinación, e inquieta con esa supuesta incorrección de una arcada, que habla realmente de una igualdad del espacio, como el de ese comunismo del que él era devoto. Pero lo mejor de esos arcos de los que no podemos saber cuál es el principal, (no hay uno más importante que otro por ser demasiado diferentes entre sí), es que Niemeyer lo hace en Italia, el país de donde se recoge todo el saber arquitectónico, donde se elaboraron unas leyes que acabaron imponiéndose durante siglos y contra las que él se rebela elegante.

 

Auditorio del parque Ibirapuera en Sao Paolo

Así es Niemeyer y así su buen juicio y su sentido del humor, y hasta allí donde no le permiten hacer lo que quiere, como en el citado auditorio de Ibirapuera, con el que tuvo más de un problema con las autoridades de la ciudad, él saca la lengua, y ese gesto infantil desafiante significa que, aunque no consiga exactamente lo que quiere, él se las ingeniará para acercarse mucho, y lo hace con una picardía aniñada y a la vez tan brillante, que será imposible resistirse.

Porque Niemeyer es eso, un cúmulo de contradicciones: sus ideales políticos no cuadran con la mansión en la que vive, sus diseños luchan constantemente con las leyes de la gravedad, sus mágicas formas se basan en perfectas fórmulas matemáticas porque él es un mago de los de antes, de ingenios inventados que le reputan y de los que sólo sabemos que hay algo más, un truco que los sustenta y que sólo el mago, es decir, el maestro, lo conoce. Quizás todas esas luchas son el reflejo de toda una vida en un siglo XX más corto de lo que acostumbraban a ser los siglos, ya que todo iba más deprisa en un mundo tecnológico y que se revive constantemente con los nuevos medios de comunicación, y a la vez, un siglo eterno en sus guerras, una tras otra, como un Apocalipsis continuo que consiguió dividir la tierra en dos y del que no se aprendió nada. Será entonces que las grandes decepciones que ha vivido, le han hecho crear edificios salidos de un mundo imaginario mucho más amable, el que guarda en su interior.

Oscar Niemeyer

Fundación Telefónica.

Hasta el 10 de enero.

 

Un Príncipe de Asturias muy merecido

octubre 25, 2009

Este año el Premio Príncipe de Asturias de las Artes ha sido otorgado a Sir Norman Foster. Se premia, por tanto, a toda una carrera como arquitecto y como trasformador de paisajes urbanos y naturales. No sólo a él, por supuesto, Norman Foster es ya una firma de identidad: él avala los proyectos pero tras su nombre hay más de 500 personas trabajando.

Sus edificios se extienden por todos los continentes y ha colaborado en la creación de todo tipo de construcciones: estaciones, rascacielos, torres de comunicación, puentes, estadios…

todo lo abarca Foster, y siempre desde una apuesta fuerte por las nuevas tecnologías, por la investigación en materiales y, en general, por una cierta obsesión por ser etéreo, por estar sin invadir.

Marquesinas de Repsol

Marquesinas de Repsol

La contundencia y magnitud de sus creaciones no suponen un obstáculo para hacer de ellos lugares diáfanos, luminosos, que se diferencian de aquello que les rodea pero sin crear conflictos. El diálogo entre lo antiguo, la naturaleza o las necesidades urbanas enriquecen los lugares en los que se yerguen espléndidos sus edificios. Aunque esto no le libra de caer, en ocasiones, en la ostentación.

Torre Swiss Re de Londres

Torre Swiss Re de Londres

Algunas de sus propuestas son verdaderas esculturas que modifican el paisaje, que potencian su atractivo y que hablan de un futuro que es presente. Hay cierta poesía en lo que este arquitecto va dejando tras de sí. Es el caso de los siguientes tres ejemplos.

Reichstag

Reichstag

Una de sus obras más emblemáticas y de mejor calidad es la cúpula del Reichstag de Berlín. Este edificio creado en 1894 para albergar el Parlamento alemán fue casi destruido en la II Guerra Mundial. Aunque tras la guerra fue reformado, el aspecto actual se debe a la actuación de Foster y se trata de uno de los mejores ejemplos de rehabilitación de un edificio histórico: la actuación arquitectónica es reversible, se distingue a primera vista la época de su construcción, y sobre todo, se adapta perfectamente a la estructura original, embelleciendo el conjunto. La gran cúpula del Reichstag es un lugar visitable, de hecho es una de las mejores vistas de la ciudad. Es un espacio transparente física y metafóricamente. El sol ilumina la sala central del Parlamento y sus rayos son acumulados para dar electricidad a todo el edificio. Pero además, el visitante puede ver lo que pasa en el interior, es decir, se hace un guiño a la transparencia política en una ciudad tan castigada por las políticas oscurantistas nazis. La cúpula es ya una atracción turística, pero también un símbolo para todos los berlineses.

Interior cúpula del Reichstag

Interior cúpula del Reichstag

Y es que Norman Foster tiene la capacidad de crear edificios que se convierten en símbolos. Uno de ellos es la Torre de Telecomunicaciones de Collserola (Barcelona), capaz de ser vista desde cualquier sitio y de verlo todo. Creada por una necesidad: proyectar una infraestructura lo suficientemente potente para cubrir los Juegos Olímpicos de 1992, y que el arquitecto aprovecha para proponer una torre basada en la superposición de plataformas. Es un edificio sostenible, esbelto y capaz de crear un nuevo horizonte.

Torre de Collserola

Torre de Collserola

Uno de los últimos proyectos de Norman Foster ha sido el Viaducto de Millau (Francia).  Obra de ingeniería en la que el hombre se enfrenta a la naturaleza desde la humildad que ésta se merece. Con la intervención se salvan valles, se ayuda a romper espacios y acortar tiempos (hoy un bien tan escaso), pero a la vez, no se doblega a la naturaleza, se la engrandece. El contraste de las estructuras y el paisaje es de una belleza serena y muy pocas veces conseguida. Foster da lugar a un vuelo imaginario y real.

Viaducto de Millau

Viaducto de Millau

Estos son sólo algunos ejemplos. La larga carrera de este autor está repleta de proyectos capaces de modificar y crear paisajes, de mejorar la vida de la gente, de crear espacios amables que hagan de nuestras ciudades mejores lugares donde habitar. Muchas veces se ha dicho que la arquitectura es el arte de las artes, capaz de albergarlas, de sustentarlas, de protegerlas, pero además, es el arte más cercano, nos acompaña, nos ayuda y lo podemos vivir. Por tanto, es sin duda alguna un premio bien merecido.

Bélgica de estreno

junio 4, 2009
El país belga está de doble estreno. Este martes han abierto sus puertas dos museos, uno en la capital, el nuevo Museo Magritte, el otro, en la ciudad de Lovaina la Nueva, el Museo Hergè.
Bruselas ya contaba con la casa museo del pintor surrealista, pero ésta se había quedado pequeña para la extensa y famosísima obra de Magritte. Padre del surrealismo que revolucionó el arte del siglo XX y cuyas obras no pasan desapercibidas. Él se empeñó en dar una vuelta de tuerca a todo lo que pintaba para sacarnos de quicio, hacernos reír o reflexionar sobre lo cotidiano o sobre la metafísica y la teoría del arte. Él era pintor y teórico, pero teórico en sus lienzos porque no hay cuadro de René Magritte que no nos suscite algo, lo que sea.

Por su parte, el Museo Hergé rinde homenaje a Georges Remy, más conocido como Hergè, y aún más conocido por ser el creador de Tintín. El edificio ha sido diseñado por el Premio Pritzker Christian de Portzamparc y es realmente espectacular. Rodeado de naturaleza, se levanta este museo en el que arquitectura y diseño gráfico van de la mano creando un espacio a modo de viñetas gigantescas donde el recorrido nos permite conocer el trabajo de Hergè pero también nos hace sentir como protagonista de uno de sus cómics.
En fin, dos motivos más para querer viajar a Bélgica.

Arquitectura de los museos VI

abril 21, 2009
A lo largo de estos monográficos de arquitectura de los museos, hemos hecho un recorrido no sólo a través de la historia de éstos, sino también del desarrollo de las ciudades y de los cambios sociales que ha experimentado el hombre en los dos últimos siglos.
Los museos surgieron como lugares elitistas para un público culto, hoy se hace marketing agresivo para atraer de forma masiva a público de cualquier edad y condición. Puede que no atraigan las obras de arte pero para eso se hacen cafeterías de diseño, grandes librerías, cócteles para empresas o restaurantes de lujo, todo metido en el museo para dotar de glamour establecimientos que fácilmente encontramos en los repetitivos centros comerciales. Y es que de cara a una respuesta social no es lo mismo visitar la última exposición de Cezánne que pasar un domingo mirando escaparates, aunque los comentarios hechos al acompañante de turno sean los mismos.
Los museos son un buen termómetro social, conocemos los gustos de la gente, las necesidades arquitectónicas, las sensibilización con las barreras físicas… lo hemos visto desde la evolución del museo-palacio al cubo blanco, sin embargo, no ha sido una evolución lineal, ni tampoco homogénea porque para eso existen las excepciones, para romper las reglas.
Los museos 6: casos peculiares y futuros museos.
Las grandes excepciones dentro de la arquitectura de los museos las tenemos en las casas museos o museos monográficos. Son lugares que cuentan con la ventaja de contextualizar muy bien a la obra y al artista ya que al entrar en ellos de alguna manera, violamos la intimidad del autor, conocemos sus habitaciones, los lugares de recreo, su taller… son lugares íntimos donde podemos ver sus libros, sus colecciones, sus aperos, las obras que se guardó para él o que le devolvieron, sus fotografías, el tipo de hogar en que vivía, si le gustaba la oscuridad o la luminosidad, lo rústico o lo moderno, los espacios amplios o reducidos, abigarrados o diáfanos… y con todos estos datos podemos comprender mejor su trabajo.
 Museo Sorolla. Madrid. 

El problema de estos lugares es la escasa acción arquitectónica que se puede realizar si se quiere mantener lo más intacto posible el entorno, de ahí que los trabajos se reducen al mantenimiento y ampliación de alguna sala, y por esta misma razón muchas veces encontramos problemas de acceso para incapacitados. Un museo de este tipo muy recomendable es el Museo de Sorolla (1934), este amante de los espacios abiertos creó un maravilloso jardín que hoy es un pequeño paraíso en medio de la vorágine de una ciudad como Madrid.

Otros museos que se escapan a la catalogación son aquellos creados como una obra en sí misma por un artista, hablamos de museos como el Teatro-Museo Dalí de Figueres (1974) o el Museo Vostell de Malpartida de Cáceres (1976). El primero es la muestra más grande de la famosa egolatría de Dalí, una casa onírica con muchos clichés pero también mucha gracia y buen humor propio de este mediático artista cuya propia vida convirtió en una obra de arte. 

 


 Teatro-Museo Dalí. Figueres.

  El museo Vostell escapa a cualquier adjetivo, para entenderlo hay que visitarlo en las remotas tierras extremeñas, en un lugar perdido de todo y en medio de nada y situado en unos antiguos lavaderos de lana de Los Barruecos. Allí fue a parar este alemán visionario cuando se enamoró en su primera visita a Extremadura de una maestra de Guadalupe con la que se casó y visitó aquellos parajes donde decidió establecerse y desarrollar su trabajo con la intención, no de crear un museo, sino musealizar el paisaje.

 


  Museo Vostell. Malpartida de Cáceres. 

Sobre qué futuro le espera a los museos es una pregunta difícil de contestar, los museos tienen que ser entes activos que se reinventen a sí mismos para adaptarse a la sociedad con la que les toque convivir pero no por ello deben renunciar a ciertos parámetros de conservación de patrimonio, propagación de este y calidad de sus operaciones.

Como futuro más inmediato, o mejor dicho, presente ya, asistimos a la multiplicación de las franquicias. Hemos hablado de la Tate o del Guggenheim pero los museos clásicos también están empezando a experimentar con esta alternativa, el ejemplo más destacado es el del Louvre que tiene la intención de abrir sucursal en el desierto de Abu Dhabi.

Por otra parte, además de las franquicias, tenemos como una buena posibilidad futura el museo móvil o museo viajero. Estamos acostumbrados a que las exposiciones temporales viajen de unos países a otros, pero a veces pierden calidad por sacar las obras de su contexto y por tener que adaptarse éstas a arquitecturas más o menos hostiles. Este problema desaparecería si se moviera el museo en su totalidad. De momento ha sido la moda la que se ha adelantado a esta alternativa con el Chanel Contemporary Art Container diseñado por la futurista arquitecta Zaha Hadid que viaja por diversas ciudades llevando consigo una gran exposición en la que artistas contemporáneos exponen obras inspiradas en la famosa firma de moda. Este piloto podría extrapolarse a otras manifestaciones artísticas y de esta manera las arquitecturas móviles modificarían el entorno sólo temporalmente como ya lo hicieran desde el Renacimiento las arquitecturas efímeras.
 Chanel Contemporary Art Container.

Cerramos pues esta sección y el futuro será quien nos desvele los próximos movimientos de los museos.